En 10 estados de la República Mexicana rebasan la media nacional en cuanto a prevalencia de obesidad y el sector más afectado de la población en este rubro son las mujeres.

De acuerdo a estudios realizados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo, esto se debe a que el estilo de vida de las mexicanas se vuelve cada vez más sedentario, jornadas dobles o triples de trabajo y enfermedades como la ansiedad y la depresión.

Las diferentes etapas en la vida de la mujer (adolescencia, embarazo y menopausia) involucran cambios hormonales que pueden favorecer al aumento de peso, por lo que sebe mantener una alimentación balanceada y un rutina de ejercicios acorde a la edad de la mujer.

Otro factor que pudiera pasar desapercibido es el nivel socioeconómico. Durante mucho tiempo se pensó que la obesidad era una enfermedad exclusiva del estrato socioeconómico más elevado, lo cual ha cambiado en los últimos años, ya que investigaciones recientes han determinado una relación inversa entre el nivel socioeconómico de las mujeres y su desarrollo.

La Organización Panamericana de la Salud revelo la existencia de factores genéticos adaptativos y presenta la hipótesis de que las poblaciones con un consumo alimentario fluctuante o inadecuado, son capaces de generar formas adaptativas para utilizar muy eficientemente la energía y el depósito de grasa.

La relación inversa entre la condición socioeconómica y la obesidad en la mujer podría estar mediada por ciertos factores. El primero destaca que las mujeres de clase alta en sociedades desarrolladas poseen el hábito de hacer dieta y restringir el consumo de alimentos, práctica no muy frecuente en poblaciones de clase baja.

En segundo lugar, existe una mayor práctica de actividad física en mujeres de clase alta, debido a que cuentan con mayor disponibilidad de tiempo y mayores oportunidades de hacer ejercicio con fines recreativos. Por otra parte, la movilidad social sigue siendo determinante en la prevalencia de obesidad en mujeres de clase baja.

La obesidad como enfermedad multifactorial no escapa a los efectos de la herencia genética. Esta influencia se ha estimado entre un 40 y 75% de variación en Índice de Masa Corporal, sin embargo se ha visto que las leyes de Mendel no aplican a los patrones hereditarios.

Son múltiples las causas descritas que podrían condicionar el desarrollo de la obesidad en la mujer, por lo que se debe consultar a su médico particular para analice el caso particular de cada paciente.

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